Libres de contagio en las peores pandemias

Desde la Gripe Española de 1918, los Científicos Cristianos han demostrado que la mejor vacuna es liberarse del miedo enfocándose en la fortaleza espiritual.

 

Al igual que hoy, durante la pandemia de Gripe Aviar en el 2005, los medios de comunicación masiva agitaban el temor generalizado esparciendo imágenes y noticias de la devastación.

 

Lo mismo sucedió durante la Gripe Española de 1918. Sin embargo, en un diario de Oakland, California, llamado Enquirer, se publicó un artículo sobre el asombroso caso de 50 marineros que se ofrecieron como “ratas de laboratorio” para encontrar una cura. Se les inyectó la enfermedad, se les expuso a pacientes que la padecían, incluso se les dieron frascos de gérmenes para respirar. ¡Pero ninguno de ellos se enfermó!

 

«Estos 50 jóvenes se ofrecieron como voluntarios, lo cual demostraba claramente que no temían la enfermedad. En otras palabras, no podían adquirir lo que no temían”, se podía leer en uno de los párrafos.

Y más adelante abundaba: “Dado que su miedo a la enfermedad había desaparecido, la enfermedad era absolutamente inexistente, a pesar de que se hizo todo lo posible para forzarla».

 

El artículo concluyó que los casos de Gripe cesarían, si todos hicieran lo que estos marineros habían hecho, «a saber, eliminar el miedo a la enfermedad».

 

Muchos años antes, Mary Baker Eddy, la descubridora y fundadora de la Ciencia Cristiana, ya había demostrado que destruir el miedo es eliminar la enfermedad, escribe Rosalie Dunbar en un artículo publicado en Noviembre del 2005 en la revista Christian Science Sentinel, a propósito de la pandemia de Gripe Aviar.

¿Pero cómo logran los Científicos Cristianos eliminar el miedo?… Dunbar lo explica en estos cuatro párrafos de su artículo:

 

“En Ciencia y Salud con la Llave de las Escrituras, el libro de texto de los Ciencia Cristiana para la curación espiritual, la Sra. Eddy escribe sobre la oración que constituye el tratamiento que aplican los Científicos Cristianos: ‘Siempre comience su tratamiento aliviando el miedo a los pacientes. Silenciosamente tranquilícelos sobre su exención de la enfermedad y peligro. Observe el resultado de esta simple regla de la Ciencia Cristiana, y encontrará que alivia los síntomas de cada enfermedad’ «.

“El miedo instiga a la enfermedad al sugerirnos que somos seres mortales que viven en un entorno material, donde la enfermedad puede desarrollarse y atacar de repente. Implica que la enfermedad puede actuar como una entidad independiente, ganar impulso e incluso volverse imparable”, continúa escribiendo.

 

“El miedo y la enfermedad no son parte de nuestra identidad, herencia ni futuro. No somos víctimas indefensas, esperando que la enfermedad ataque. Nunca hemos sido, nunca lo seremos. Somos hijos del Amor omnipotente, que es capaz de vencer el miedo. El Amor siempre lo ha hecho, siempre lo hará”, afirma Dunbar en su artículo.

 

“No hay ningún componente mortal en nuestro ser, que es espiritual, y por lo tanto, no hay nada que temer. Y dado que el miedo es la raíz de la enfermedad, si detenemos el miedo, detenemos la enfermedad”, concluye.

 

Dunbar comparte más adelante cómo venció el miedo una Científica Cristiana que sobrevivió a la pandemia de 1918, cuando se enfrentó a la gripe… «Me desperté una noche, poco después de retirarme a dormir, sintiendo cada síntoma de la enfermedad y con tanta fiebre, que por un instante me pareció que el miedo conquistaría … pero entonces comprendí la situación como un momento de prueba y enseguida supe que Dios, el Amor divino, siempre está con nosotros y se preocupa por cada uno. Luego me llegaron las palabras del Salmo 91 y me quedé dormida, para despertar algunas horas después sin sentir incomodidad ni dolor» (testimonio publicado en la revista The Christian Science Journal, de octubre de 1919).

 

“Esta mujer fue sólo una de los muchos Científicos Cristianos que compartieron sus experiencias sobre la superación de la gripe a través de la oración durante esa epidemia. Para algunos, la enfermedad fue sólo un golpe pasajero. Para otros, fue más grave:

 

«Mi hijo y yo fuimos curados de influenza en su peor forma. Desarrollamos problemas pulmonares agudos, y parecía que ambos iríamos al ‘valle de la sombra de muerte’, pero la Verdad salió victoriosa, y salimos a la cima de la colina, regocijándonos y alabando a nuestro Padre celestial por Su amor y bondad a todos Sus hijos …” (testimonio publicado en The Christian Science Journal, de junio de 1919).

 

Precisamente la Verdad, esa de la que Jesús el Cristo afirmó “os hará libres”, es en lo único que se respaldan los Científicos Cristianos para liberarse de todo mal.

 

Sin embargo, tal como lo afirma Dunbar en su artículo: “Probar [la Verdad] frente a la enfermedad no siempre es simple. Pero es totalmente posible […] cuando nos ‘levantamos en la fuerza del Espíritu’, no somos pequeños seres, luchando solos contra una fuerza malévola. No es nuestra fuerza personal y finita la que está levantándose, sino el poder infinito que dirige el universo, y ese es un universo hecho a imagen y semejanza del bien”.

 

Traducción y edición al artículo escrito por Rosalie E. Dunbar, y publicado en la edición de Noviembre 14 de 2005, de la revista The Christian Science Sentinel.

 

 

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